Conclusión
Necesitamos similar cantidad de calorías en invierno
y en verano, por lo tanto, mejor no hacer cambios importantes
en nuestra dieta porque pueden afectar la salud. El
trabajo que el cuerpo realiza para mantener la temperatura
corporal estable está presente tanto en invierno
como en verano, por ende, si existen diferencias son
mínimas y no merecen ser consideradas para cambiar
la ingesta alimentaria.
Alimentos de verano
En verano queremos vernos en forma y para ello, es imprescindible
alimentarse saludablemente. Una alimentación
equilibrada en cantidad y calidad, variada y suficiente,
es todo lo que se necesita para mantenerse en forma
y perder kilos demás.
Todas
las personas tenemos necesidades nutricionales diferentes,
éstas dependen principalmente de la edad, el
sexo, la ocupación, el estado biológico
(embarazo, lactancia, niñez, etc.) y de la practica
o no de deportes.
Si
hace mucho calor y no sentimos suficiente hambre, lo
ideal es consumir comidas que no sobrecarguen el trabajo
digestivo, es decir, que sean bajas en grasas y azúcares
y en pequeñas porciones distribuidas a lo largo
del día, manteniendo intervalos regulares, por
ejemplo: desayuno, colación de media mañana,
almuerzo, merienda, colación de media tarde y
cena.
La recomendación es adquirir una dieta con alto
contenido en agua y fibra (frutas, verduras, cereales
integrales, pescados, legumbres, etc.), que permita
mantener nuestro cuerpo hidratado, limpio y nutrido.
Frutas y verduras abundan en el mercado, ademas de ser
bajos en calorías, estos productos aportan vitaminas,
minerales, antioxidantes y fibra.
Guarde las naranjas y las manzanas para el otoño
y sumérjase en frutas y verduras que se dan en
esta temporada: Melones, sandias, uvas, fresas o frutillas,
etc. como beneficio adicional puede olvidarse de controlar
las porciones.
En
cuanto a las verduras, un mix de verduras a la parrilla
o a la plancha con pechuga asada, o ensalada acompañada
con atún al natural o unos huevos duros, son
excelentes opciones. |